diciembre 5, 2011 0

Sócrates y las palabras

Por en General

«Mala suerte y peor para el fútbol», dijo Sócrates a pie de campo, nada más ser eliminada Brasil por Italia (3-2) en la segunda fase del Mundial de España. Aquel fue uno de los partidos más bellos e injustos de la historia del balompié. «Pero no hay que jugar para ganar sino para que no te olviden», insistía el maravilloso centrocampista hace poco al volver a recordar aquella fecha. Recuerdo muy bien dónde (un bar de Salou, playa de Navarra) y con quién estaba aquel día (mi padre, que —para variar— iba con Italia).

Según leo en la fabulosa necrológica de Jordi Quixano, Sócrates se enfrentó a la dictadura de Figueiredo («Ganar o perder, pero siempre con democracia», decía su camiseta en la final del torneo paulista de 1983) y además fue uno de los inventores de otra democracia, la corinthiana, que defendió a rajatabla. Su club, el Corinthians, se llegó a regir en los ochenta como una comunidad en la que todos sus miembros, desde la directiva hasta el utillero, tomaban las decisiones por mayoría. Una persona, un voto. Sócrates: «Para mí, lo ideal sería un socialismo perfecto, donde todos los hombres tengan los mismos derechos y los mismo deberes. Una concepción del mundo sin poder». Se fijaron así —cuenta Quixano— horarios de entrenamientos, comidas, alineaciones, fichajes, despidos… Y hasta se dio licencia para que fuera del campo el futbolista hiciera lo que le viniera en gana. Sócrates nunca dejó de fumar como un carretero. Ni de beber. Los excesos de muchos años con la bebida están relacionados con el colapso intestinal de ayer.

Sócrates era al fútbol y al mundo que se gestaba a su alrededor como Nicanor Parra a la poesía. Tenía planta de baloncentista, pies de bailarina y alma rebelde. El último Cervantes, iconoclasta y ensanchador de límites, ha sido reconocido a los 97 años por su antipoesía. Y por seguir siendo un referente para los jóvenes. «Escribir como hablan los lectores / & punto», dice en unos versos brevísimos de 2006 que bien podían formar parte del manual del joven periodista en estos tiempos de desorientación.

Lo malo es que las palabras se han desgastado. ¡Tanto! Vale la pena leer un texto magistral y reciente de Gustavo Martín Garzo (‘La decadencia de las palabras’, El País, 26 de noviembre, página 23): «Muy pocas veces las palabras han valido menos que hoy. Se trata de una paradoja, puesto que cuanto más hablamos y escuchamos hablar menos parece valer lo que decimos. En nuestro tiempo el lenguaje no sólo se utiliza para ocultar la realidad sino que nadie se hace responsable de lo que se dice». Garzo se refiere a Delibes y a lo que el vallisoletano definía como «la convocatoria de la palabra»: hombres y mujeres de palabra. Las palabras hacen más habitable el mundo.

Los periódicos deberían contribuir a fortalecer la república de la palabra. Para fortalecer el mundo y hacerlo mejor. Como soñaba Sócrates. Pero contribuyen a su decadencia, insiste Garzo y yo con él. Palabra luminosa: razón de ser de nuestro oficio. Justo lo contrario del vocerío volátil, vanidoso y superfluo de Twitter o Facebook. Periodismo banal. Pseudoperiodismo. Y los medios fascinados…

Sócrates medía 1,93, calzaba un 37 y armaba desde su azotea el juego de la mejor Brasil que yo he visto. Un maravilloso contrasentido. Marcaba golazos de tacón. Otro. Murió ayer a los 57 años, castigado, como se deduce del retrato que acompaña más abajo estas líneas. Otro contrasentido más. Brasil perdió los cuartos de 1982 contra Italia, pero ganó la batalla al olvido: nunca olvidaremos aquel monumento al fútbol dirigido por El Doctor. Ni sus penaltis de tacón. Ni sus palabras decentes y robustas.

Amor no correspondido
Nicanor Parra

Bajando de Machu Picchu
Perlas challay
Me enamoré de una chola
Chiguas challay
Más linda que una vicuña
Perlas challay
Pero ella no me hizo caso
Palomitay
Eres demasiado viejo
Perlas challay
Me dijo y huyó riendo
Chiguay challay.

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