diciembre 9, 2016 0

Una vida

Por en General

Cuando nací ya estaba ahí Fidel, como el dinosaurio. Estaban el muro de Berlín y la Guerra Fría, los Beatles, estaba Franco y también el alcalde que inventó Benidorm, que era un personaje, según leo. Sólo quedaba Fidel (es un decir, McCartney es una momia) y Fidel se ha ido. Quedo yo, de momento: soy el dinosaurio de mi sobrino Gonzalo y el de Bea, que nació trece o catorce años después de ‘La chica de ayer’.

La noticia me llega de El Salvador. Norma lleva años imaginándolo: el instante de pulsar el botón de la rotativa. Me envía aviso y foto por whatsapp. Despierto al día siguiente, los periódicos impresos europeos no traen nada. Fidel murió muy tarde para los viejos diarios. Los especiales digitales no surten el mismo efecto. Los leo, pero no quedan. No tienen portada, no tienen alma. Al día siguiente del día siguiente, no hay periódico que no lo traiga. Ahí está, entonces sí, Fidel con sus cosas.

Pero Fidel es como los demás. Medio siglo de revolución irreductible merece un día en los periódicos. Una portada. Al día siguiente del día siguiente del día siguiente, la portada vuelve a ser para Rajoy o el PSOE, las batallitas. Cuando murió mi abuela Sole, que era también un personajazo, no hubo portada para ella. Solo días más tarde se publicó su obituario. Largo y sentido. Afortunada fuiste, abuela. La mayoría de las personas, sus vidas con sus afanes, no constan para los diarios. Ni en portada ni en páginas interiores. Y yo me pregunto, justo antes de este 2017 que viene cargado de interrogantes: ¿qué es una vida?, ¿cómo se cuenta?

Corta o larga, con barba o sin ella, bajo los focos o calladamente, una vida es una cosa demasiado importante. No hay vida que quepa en un periódico. Ni la de Fidel ni ninguna. Los periodistas deberíamos reconocer con modestia nuestra incapacidad y desde ahí empezar la reconstrucción del oficio, que no es otra cosa que contar vidas.

Angela Brady, presidenta del Real Instituto Británico de Arquitectos, ha dicho algo muy interesante al respecto: «Se pueden actualizar las raíces, pero negarlas es absurdo. ¿Por qué llevar abrigo si solo necesitas una camiseta? Tiene tan poco sentido globalizar la arquitectura como globalizar el vestir». Traducido al periodismo, los periódicos no tienen que parecerse unos a otros, nada hay peor que ser clónicos o copiar recetas.

Reiner Stach ha dedicado diecinueve años de su vida a saberlo todo de la de Kafka. Ahora, publica en dos tomos una obra monumental que revela que el escritor checo escribía sin un plan. Me gusta ese Kafka impulsivo que lo fía todo a la intuición, hoy a pleno rendimiento y mañana Dios dirá. Contar la vida como viene, que casi siempre viene sin plan. Porque, más preguntas, ¿quién ha nacido con un plan estratégico debajo del brazo? Traducido al periodismo, sólo así podrían los diarios ser verdaderamente temperamentales, imprevisibles, de carne y hueso. Y recoger y reflejar, como ‘Jericó’, conversando, el infinito vuelo de los días.

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